Descentralización local

Descentralización

La descentralización consiste en aumentar el número de focos en los que se reparte el poder del Estado. En España, el desastre del modelo autonómico ha hecho que muchos rechacen esta idea y propongan trasladar las competencias autonómicas al Estado central. Frente a esto, existe una alternativa que conlleva importantes beneficios: la descentralización local.

La uniformidad territorial es injusta e ineficiente

Si la planificación centralizada de la economía provoca efectos nefastos, ¿por qué iba a ser diferente en la administración pública? El propio mercado libre es un sistema descentralizado donde millones de agentes intercambian bienes y servicios, coordinados mediante el sistema de precios.

La burocracia tiene muy pocos incentivos para mejorar las políticas una vez están implementadas. A diferencia de lo que ocurre con una empresa, los ciudadanos son clientes cautivos del Estado (pues el coste de emigrar a otro país suele ser muy alto). Por lo tanto, éste no se ve forzado a mejorar constantemente la calidad ni el coste de sus servicios, como sí ocurre en un mercado en competencia. Así, cuanto más centralizado está un Estado, más se encuentran sus ciudadanos a expensas de la voluntad política.

¿Cuáles son las ventajas de una descentralización local?

  • Incrementa la competencia fiscal y legislativa, así como las opciones de elección de los ciudadanos, que pueden desplazarse a los municipios con mejores condiciones legales y económicas mediante el voto con los pies.
  • Permite adaptar las políticas a las necesidades y preferencias de cada lugar y cada conjunto de habitantes, haciéndolas más eficaces. Proporciona independencia y protección frente a las decisiones arbitrarias de unos pocos políticos.
  • Incrementa la distribución de los recursos, que dejan de estar tan concentrados en unas pocas manos. Así, se dificulta la corrupción y se hace más fácilmente detectable por los ciudadanos afectados de forma directa.
  • Reduce las tensiones entre lugares con diferencias étnicas, lingüísticas, religiosas, históricas o políticas. Permite a cada uno vivir según el modelo que elija y puede incluso evitar actos de terrorismo y guerras civiles. En particular, reduce los conflictos sobre inmigración.

El ejemplo de los microestados

Se pueden comprobar estas ideas con ejemplos prácticos: no es casualidad que los Estados muy pequeños sean habitualmente más ricos que su entorno. Gran parte de ellos se encuentran, además, entre los más ricos del mundo: Liechtenstein, Mónaco, Singapur, Hong Kong, Macao, etc.

El motivo es que los microestados se ven obligados a competir con los grandes por atraer habitantes e inversión. No poseen apenas recursos internos, por lo que deben abrirse al libre mercado y generar riqueza con la que importar los productos de los que carecen. Además, la facilidad de sus ciudadanos para emigrar es mucho más alta que en un país grande (con la excepción de las islas muy alejadas del continente), por lo que se desincentiva el despotismo y las malas políticas ante el peligro de la pérdida de población y la deslocalización de empresas.

Descentralizar no multiplica los gastos, los divide

Una crítica habitual a la descentralización es que genera multiplica los gastos, pero esta visión no es correcta. Descentralizar significa dividir los gastos y desconcentrarlos de un pequeño grupo centralizado. Las redundancias solo se producen cuando las competencias de cada nivel administrativo no están bien delimitadas.