1¿El liberalismo defiende el individualismo?

No, el liberalismo defiende la asociación voluntaria, es decir, el derecho de cada individuo a decidir con quién quiere cooperar en sus acciones, si es que quiere hacerlo. Es la diferencia entre el sexo consentido y la violación.

2¿La libertad juzga en términos puramente económicos?

No, la libertad juzga en términos de valor subjetivo. Una persona en libertad realiza en cada momento lo que considera que le proporciona mayor valor, sea este monetario, de relaciones interpersonales y empatía, de autorrealización, etc. El voluntariado, las donaciones, el ocio o el descanso son algunos ejemplos de acciones cuyo valor no se encuentra en maximizar los beneficios económicos, sino sociales o personales.

3¿El liberalismo rechaza los derechos sociales? ¿Está en contra de la democracia?

Los derechos que reconoce el liberalismo son las libertades individuales, tanto civiles como económicas. Los derechos que conllevan una obligación para los demás no son derechos, sino privilegios:
  • Permitir a todo el mundo prosperar generando valor para los demás es un derecho. Obligar a que unos trabajen para garantizarles a otros un cierto nivel de vida es trabajo forzoso.
  • Permitir la participación de todas las personas en las actividades que quieran realizar y no agredan a terceros es un derecho. Obligar a que la participación sea igualitaria expulsando a unos para integrar forzosamente a otros es un moldeo a discreción de las voluntades ajenas.
  • Permitir el uso de la propiedad privada como cada persona considere es un derecho. Obligar a que la propiedad de unos se use como quieran otros es imposición.
  • En definitiva, someter las libertades individuales a la voluntad ajena es inmoral, sin importar si esta imposición procede de un dictador o de una gran parte de la población. Las libertades individuales tienen prioridad frente a la democracia.

4¿El liberalismo está a favor de la desigualdad?

El liberalismo reconoce que la diversidad es parte del ser humano y garantiza el respeto a los objetivos vitales de cada persona. Por tanto, no reputa la desigualdad como buena ni mala por sí misma, sino que depende de su causa. La sociedad que se alcanza respetando las acciones voluntarias, sin agresión ni coacción, será positiva independientemente del grado de igualdad que tenga. Si, por el contrario, la sociedad es consecuencia de la coacción y la violación de los principios básicos de justicia, su igualdad o desigualdad serán rechazables, pues serán artificiales y basadas en la violencia.

5¿El capitalismo es utópico porque confía en la bondad de los empresarios?

El mercado libre no se basa en la confianza en la bondad humana, sino en el hecho de que en él nadie puede lucrarse sin ofrecer lo que otros demandan y por tanto nadie puede enriquecerse robando a los demás. Al basarse en contratos privados y voluntarios, ambas partes salen necesariamente beneficiadas en cada intercambio. En una economía con intromisión estatal, los políticos y burócratas tienen el poder de beneficiarse a sí mismos o a grupos de presión privilegiados a costa de otros ciudadanos.

6¿El capitalismo genera pobreza?

La pobreza es el estado natural del ser humano. No existe una causa de la pobreza, sino una causa de la riqueza. Allí donde no se dan las condiciones para la creación de riqueza, o incluso se destruye la que se ha creado, la pobreza se perpetúa. Un mercado libre crea riqueza, y aunque no garantiza una distribución igualitaria, sí asegura que toda la sociedad se beneficia en mayor o menor medida de él. Una crítica más razonable sería que el capitalismo no genera suficiente riqueza, cuya solución pasa por dejar de mezclar el capitalismo con la intromisión estatal en los acuerdos pacíficos.

7Sin servicios estatales, ¿qué ocurre con los pobres?

La inmensa mayoría de la pobreza en los países desarrollados está causada por el desempleo, que se minimiza en un mercado libre. ¿Pero qué ocurre con las personas que no pueden trabajar, por ejemplo por discapacidades muy altas? Sería suficiente con una prestación similar a la que reciben los parados. En lugar de eso, lo que se hace hoy en día es nacionalizar la educación y la sanidad. Se obliga a todos a pagarla, se impide la libre elección de servicios, se elimina gran parte de la competencia —pues el único proveedor para muchos es el Estado—, incrementando los costes, y se concentra mucho dinero y poder en manos de unos pocos políticos, incrementando la corrupción. No hay razón para estatalizar servicios que debe pagar toda la población con la excusa de ayudar a una pequeña parte de ella.

8¿El capitalismo defiende a las grandes empresas?

No, los intereses de las grandes empresas son defendidos por el corporativismo, también llamado capitalismo de amiguetes. El liberalismo defiende la libertad económica, la eliminación absoluta de regulaciones favorables y privilegios como subvenciones o rescates a cualquier tipo de empresa o colectivo. Mediante una estricto respeto a la igualdad ante la ley se consigue que las empresas que crezcan sean aquellas que ofrecen bienes y servicios que los ciudadanos valoran. El capitalismo no es la defensa de un grupo particular de personas, sino de un marco de actuación para todos.

9¿El libre mercado es la ley de la selva en la que gana el más fuerte?

En una sociedad libre hay reglas y te puedes defender. Nadie puede agredir a otro sin que haya consecuencias. La indefensión real se produce hoy en día: el Estado es al mismo tiempo árbitro y jugador, juez y parte, mientras que los ciudadanos están a expensas de sus caprichosas decisiones. La libertad requiere la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, incluyendo al Estado y sus políticos y burócratas.

10Una economía libre, ¿no fomenta una excesiva competencia?

La competencia destruye los monopolios, permite la innovación y crea productos de mejor calidad y más asequibles. Por tanto, más competencia no es peor, sino mejor. Pero además, el mercado libre no se basa exclusivamente en la competencia, sino más importante aún, en la cooperación. Una empresa es una cooperación entre trabajadores y empresarios para crear un producto valioso para los ciudadanos, mientras que la especialización y división del trabajo obligan a que unas empresas cooperen con otras en la cadena de producción. Cooperación y competencia son, por tanto, inseparables y necesarias.

11¿El capitalista explota al trabajador?

Un contrato de trabajo es voluntario, y como tal, supone un beneficio mutuo. El trabajador no está obligado a trabajar por cuenta ajena, sino que puede convertirse él mismo en empresario de forma individual o cooperativa, pero debe aceptar las siguientes responsabilidades:
  • Debe crear un modelo de negocio rentable y estable en un entorno de elevada competencia. Está obligado a mejorar e innovar constantemente en calidad y costes si no quiere sucumbir ante esta.
  • Debe arriesgar su propio patrimonio y cubrir las pérdidas personalmente. Su salario es variable y se encuentra a expensas de la situación económica y de las empresas competidoras.
  • Debe generar mucho más valor previamente para poder adquirir todos los medios de producción, que son los consiguen incrementar la productividad de los trabajadores.
Por tanto, el capitalista no es un explotador trajeado que se dedica a vivir a costa de los demás, sino el responsable de la empresa, el que toma las decisiones y el que asume las consecuencias personalmente.

12¿Un mercado desrregulado conduce al caos?

El liberalismo rechaza la regulación estatal por ser coactiva y no respetar las preferencias de los ciudadanos. Sin embargo, un mercado libre no es un mercado desregulado, sino regulado de forma privada. Esto quiere decir que las regulaciones son voluntarias, permiten la experimentación, la competencia y aumentan la eficiencia. En ese mercado, los ciudadanos exigen la calidad que desean y las empresas se ven obligadas a satisfacerla para obtener beneficios en competencia con otras. El mercado libre no es caos y ausencia de orden, sino un orden espontáneo que evoluciona y se adapta sin haber sido planificado por ninguna burocracia centralizada. Un ejemplo de un orden de este tipo es Internet, donde han surgido mecanismos privados para solucionar los problemas existentes, como por ejemplo la protección del consumidor, mucho antes de que los Estados y las burocracias supraestatales hayan intentado regularlo.

13¿El libre mercado destruye el medio ambiente?

El mundo se deteriora cuando los derechos de propiedad no están bien definidos. Aquello que no es «de nadie», o bien es «de todos», no se puede defender correctamente. Nadie tiene interés en cuidar la propiedad, en hacerla más productiva, más atractiva, ni en evitar que los recursos se agoten, si no es suya y no va a recoger los frutos de su esfuerzo. Tampoco nadie se preocupa de que los demás no dañen esa propiedad si no sufren un perjuicio por ello porque no son propietarios. Esto se conoce como tragedia de los comunes. Así, el Estado ha monopolizado la defensa del medio ambiente mediante la propiedad pública, pero resulta ser extremadamente ineficaz haciéndolo. Para que la naturaleza pueda ser cuidada y respetada, hay que fijar derechos de propiedad claros.

14¿Por qué en España no ha funcionado la descentralización?

En primer lugar, la descentralización de las autonomías es tremendamente incompleta. Le falta un elemento fundamental y que condiciona todos los demás: la descentralización fiscal. Actualmente, las comunidades poseen una descentralización de gastos, pero no de ingresos. Esto genera incentivos para aumentar constantemente el gasto en lugar de asumir responsabilidades ante sus propios ciudadanos. Una vez endeudadas, solo deben pedir más dinero al Estado central, que se lo quitará a todas las demás autonomías para distribuirlo a discreción.

Por otro lado, la administración ha sido planificada desde arriba por políticos, en lugar de surgir desde abajo. Las propias comunidades son a su vez centralistas interiormente. Son los habitantes de un territorio los que deben juzgar si la administración actual les proporciona un buen servicio, y en caso contrario, deben poder separarse o fusionarse con otras a voluntad. Los políticos deben estar sometidos a competencia y no ser unos organizadores monopolísticos que cambian cada cuatro años.

15Si la libertad es tan fantástica, ¿por qué no se ha aplicado nunca?

Porque en el sistema actual existen muchos intereses creados e incentivos mal alineados en aquellos que pueden cambiar las políticas:
  • Los políticos viven de los votos, y por tanto deben ofrecer algo atractivo para los ciudadanos en lugar de algo bueno pero impopular. Esto alimenta la demagogia y el populismo y crea líderes más especializados en la comunicación y en apelar a los sentimientos que en el conocimiento intelectual.
  • Además, los políticos son personas como cualquier otra y se preocupan por sus intereses antes que por los de los demás. Esto fomenta la corrupción y el clientelismo gracias al poder que les otorga ser parte del Estado, incumpliendo la igualdad ante la ley.
  • Un político que lleve a cabo políticas buenas para el largo plazo, probablemente será impopular en el corto plazo, lo que le llevará a perder apoyos y el mérito de sus políticas, que recibirán sus sucesores. Esto elimina la responsabilidad en el lado del legislador.
  • Para el votante, el coste de informarse sobre los programas de forma exhaustiva y sus consecuencias en ámbitos muy diversos es enorme, y los beneficios prácticamente inexistentes, pues el voto individual apenas cambia nada.
  • Los ciudadanos no soportan de forma individual las consecuencias de sus decisiones, sino que las reparten entre todos ellos. Esto elimina la responsabilidad en el lado de los votantes.
Esto explica que las sociedades se vuelvan cada vez más dependientes del Estado y lo identifiquen como la solución a todos sus problemas. Por culpa de la cesión de poder sobre sus vidas, los problemas y las injusticias se agravan y la desconfianza en la política disminuye.

La solución pasa por descentralizar la administración y acercarla al ciudadano. Así se fomenta la convivencia y competencia de diferentes modelos, a la vez que aumenta la capacidad de elección de sus ciudadanos.

16¿Por qué los países africanos son pobres si sus Estados son pequeños

Los impuestos son solo una pata de la libertad económica, no la única. Para que haya libertad y prosperidad debe haber respeto a la propiedad privada y a los contratos. Los Estados corruptos, y en muchos casos tiránicos, generan inseguridad jurídica y corrupción, lo que frena la inversión y el progreso. Las ayudas de Occidente no sirven más que para perpetuar regímenes dictatoriales y represivos, sin llegar nunca a los ciudadanos que la necesitan.